20.4.17

A Vos Almohada, Que Te Quiero Tanto




La mayoría de nosotros tenemos una opinión más o menos formada sobre los cuentos de princesas. Todas opiniones respetables, aunque no coincidan.
Yo nunca vi a los cuentos de princesas desde el lado romántico. La historia del príncipe salvador, me pareció - aún me parece - una ridiculez.
Sin embargo, dentro de toda esa falacia, había una parte en la que sí confiaba. Yo, a los cuentos de princesas, les creía que los acolchados, pero sobre todo, las almohadas de plumas te hacían soñar maravillosamente bien.
Seguí pensando eso incluso en mi vida adulta. A tal punto que hace algunos años, en cuanto vi la perfecta almohada de plumas, la compré.
En mi cama tengo 7 almohadas, no almohadones decorativos, de esos no tengo. Almohadas para dormir según lo requiera la ocasión.
Hay almohadas cervicales, unas más duritas, las de plumas – estas tres por duplicado - y la séptima, la huérfana, una tan tan dura que la uso como base para las otras almohadas cuando me acuesto a leer.
A las almohadas de plumas las compré en un arrebato de fantasía, de pensar que cuando apoyara mi cabeza en ellas, descansaría casi flotando y tal vez, si todo era como lo dicta la ley de los cuentos, sentiría el guisante debajo del colchón. Pero claro, como era de esperar, nada de eso sucedió.
Es que, la tan perfectamente armada almohada, cedió de forma escandalosa apenas apoyé mi cabeza en ella. Así de simple, mi cabeza se hundió hasta casi sentir el colchón.
Puede que sea el tamaño exagerado de mi cráneo, no lo descarto siquiera un poco. Sin embargo por un momento la confianza permaneció y volví a mullir con suplicas disfrazadas de golpes “almohada no me falles, sostené mis sueños”
Pero ella inmutable hizo su voluntad y, otra vez, en cuanto me acosté, se hundió. Traidora.
Insistente, dormí igual, con la consecuente contractura espantosa que duró un par de días.
A pesar de esto, es lógico que no haya descartado a las almohadas de plumas, porque aunque no sirven para dormir, tienen la virtud de conservar una forma que las hace lucir encantadoras.
Pero por cosa del destino, un día, a principios del verano pasado, se me dió por dormir abrazada a una almohada y todas me resultaron incómodas. Todas menos las de plumas.
Entonces comprendí, así como una revelación, que tal vez la función de mi almohada de plumas no es la de sostener mi cabeza, si no de abrirle paso a su curvatura, así como le abre paso a mis otras curvaturas cuando la abrazo.
Almohada que se amolda, humilde. Que soporta mis movimientos nocturnos. Mi abrazo que le dice “no te caigas de la cama que me despierto”.
Es, en todo caso, esa capacidad de adaptación la que la hace perfecta, y la que me hace creer que sí, que las almohadas de plumas de los cuentos de princesas de verdad existen y me hacen soñar, sin querer o tal vez queriendo, porque mágicas ellas.
Mis almohadas de plumas me hacen soñar, dormir maravillosamente bien.


Mariana


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